Cabo Verde se compone de diez islas en medio del océano atlántico. Lo más cercano que hay a su derecha es Dákar, Capital de Senegal. A su izquierda está a la misma altura que Cuba y la parte final de México, en esa línea de latitud están las diez islas de Cabo Verde. Es un pequeño país de unos 400.000 habitantes allí radicados. Es una nación de muchos inmigrantes, por ejemplo, ellos dicen que Holanda es su segunda casa, casi la misma cantidad de habitantes de Cabo verdianos están radicados en Holanda.
En Argentina hay comunidades Cabo verdianas como el caso de Ensenada, Dock Sud y otros lugares donde hay comunidades bastante numerosas de Cabo Verdianos. En Brasil también hay muchos. En España, Portugal, etc.
Cabo Verde se sostiene por ayudas exteriores porque no produce casi nada. La tierra es buena pero no hay lluvias, tampoco hay adelantos técnicos. Su industria pesquera es importante con cantidad y calidad de pescado, son exportadores de atún. La Capital está en la isla de San Santiago y se llama Praia. De las diez islas, nueve están habitadas y Juan del Rosario nació en la isla de San Nicolau, que tiene unos 60 km de largo por 18 km de ancho, se compone de seis o siete aldeas. La aldea donde Juan nació se llama Fajá de Baixa. Allí nació y creció y donde sintió la carga para abrir la obra. Actualmente, en ese lugar no existe agua potable ni luz eléctrica, ni transporte público ni hay teléfonos. La vida es muy sacrificada. La gente va a buscar agua a las bombas o represas con sus mulitas y el trabajo es muy poco.

El precio del avivamiento (Reportaje del Periódico Visión Fe y Acción del año 1995, historia de Juan del Rosario, misionero del M.C y M en aquella nación)
Juan del Rosario abrió la obra y trabajó por seis años en ese lugar. El sintió un desafío en su corazón de orar por avivamiento. Y comenzaron a orar pero no tenían la Fe, hasta que de repente en ese espíritu de buscar a Dios, Dios les indicó de levantarse a las cuatro de la mañana para orar y ayunar, y cuando ellos comenzaron a obedecer empieza a nacer la Fe en ellos de que se iba a producir el avivamiento. A los cinco años de estar allí se soltó el avivamiento.
Tenían reuniones en una casa prestada de un familiar de Juan, cuando el Señor se comenzó a mover empezó a venir gente atraída por Dios mismo y lloraban, confesaban sus pecados, aceptaban a Cristo, los que estaban endemoniados eran libres, los que estaban enfermos eran sanados, mucha gente que ya conocía al Señor fue restaurada. Dios les dio un grupo de unas sesenta personas con verdaderas conversiones, nuevos nacimientos, milagros, etc.

¿Qué se lleva de este viaje a la Argentina después de diez años de ausencia?
Imagínese que para mí es un gozo haber pasado estos siete meses en Argentina. Estamos repletos de bendición. Nosotros queremos decir que por la bendición que hemos tenido de parte del pueblo del Señor, estamos pensando en volver y tener grandes cosas que volcar con fuerza del Señor allí en Cabo Verde a aquellos que Dios tiene marcados. Mi familia y yo estamos gozosos, entusiasmados y contentos para volver con nuevas fuerzas. Damos gracias al Señor por su pueblo que nos recibió y nos suplió nuestras necesidades. Esto a nosotros nos ha edificado.

¿Ustedes están en la Capital de Cabo Verde?
Nosotros estamos en San Nicolau, que no es la Capital de Cabo Verde, ya tenemos un grupo de hermanos colaboradores que se están prestando y portando en la obra, y estamos creyendo que en poco tiempo vamos a cubrir Cabo Verde con la Palabra del Señor. Hace diez años que estamos trabajando conforme a la fuerza que el Señor nos ha dado, y ahora hemos confesado: “Vamos a volver a poseer a Cabo Verde” totalmente para Jesús.

Teniendo en cuenta la distancia y el hecho de que nadie pudo visitarlos por mucho tiempo ¿Cómo transcurrió todos estos años?
Esto ha sido motivo para amar mas al Señor, porque nosotros siempre pensábamos que un día el Señor nos encontró y nos hizo nacer de nuevo y por eso no queríamos volver a morir. Y este no querer morir nos mantenía despiertos, con coraje, esperando, hasta que Él pudiera enviar un ángel para suplir nuestras necesidades. Y así fue. En mi corazón siempre hubo un número: Diez años. Yo dije: “…Señor yo creo que estoy con fuerzas para esperar diez años…” Y realmente Dios fue fiel.
Cuando estaba para cumplir diez años en la obra, las cosas estaban verdaderamente difíciles, dificultades por todos lados, y allí recibimos un llamado del hermano José García que estaba tratando ese mismo mes de hacernos una visita. A través de esta visita, Dios nos suplió fuerza. Quedamos fortalecidos y dispuestos a volver a la Argentina y aprovechamos a dar gracias a todos aquellos hermanos que a través del hermano José enviaron sus ofrendas. Con estas ofrendas toda la familia pudo organizarse para volver a Argentina. Realmente esta ofrenda fue un manjar de ángeles.

¿Piensan extenderse algún día al continente africano?
Pensamos organizarnos en este tiempo de regreso, y mudarnos de isla, pensamos ir a la isla donde hay aeropuerto internacional, para poder tener relaciones con el exterior. Tenemos un llamado muy claro para Portugal, es extenso para que lo explique en este momento, pero en mi corazón está muy claro. Yo pienso que dentro de poco tiempo Dios nos abrirá las puertas de Portugal para predicar el Evangelio.
También pensamos en África, por ejemplo Dákar (capital de Senegal) ciudad importante de África, y que está próxima a nuestras islas. Estamos dispuestos a movernos a aquel lugar en cualquier momento con alguien que tenga carga del Señor para que se quede allí predicando el Evangelio. Si Dios quiere en poco tiempo.

¿Cómo conoció la familia del M.C y M?
Yo nací en el Movimiento. En el curso de mi vida siempre me sentí incompleto. Por esa causa decidí embarcarme saliendo de mi país hasta Holanda. Allí tramité mis documentos para navegar, y bajo licencia holandesa comencé a navegar.
Estuve dos años navegando por el mundo hasta que llegué a Argentina por primera vez. Estando en Argentina, en el puerto de Quequén, había un hombre de sereno en nuestro barco, él era creyente, y estando con nosotros nos testificó del Evangelio. En ese momento pensé que yo no había recibido algo que completara mi vida. Entonces creí que el Cristo del que este hombre me había hablado era el elemento que completaría mi vida y no di mas vueltas y aquella misma noche me dirigí a mi camarote, me arrodillé y acepté a Cristo, ajusté mis cuentas con El, y desde aquel día El hizo en mi vida cosas que realmente me hicieron sentir satisfecho. Nunca más volví atrás.
Aquel hombre pertenecía a la Iglesia Bethel, de Necochea. Volví a navegar por tres años más. Luego volví a Necochea a una familia de creyentes que me cubrió por un tiempo, hasta que sentí las fuerzas para ir como discípulo a la casa pastoral. El Pastor Daruich me estaba esperando, porque Dios había hablado a su corazón. Allí quedé para prepararme un tiempo, y el Pastor Oscar Daruich siempre me decía: “..Ud., tiene que volver a su tierra a contar lo que recibió..”
Eso se hizo carne de mi carne. Y con el correr del tiempo el pastor reforzaba mi fe, hasta que comencé a sentir que el tiempo se estaba aproximando. También el Señor me proveyó mi esposa. No la busqué de cualquier manera, pero rogué al Señor que me consiguiera la persona adecuada. Así fue. Después de pasar un tiempo yo pasé a Buenos Aires para tramitar mis documentos. Viniendo muchas veces comencé a entender que había un propósito de Dios con una discípula del hermano Celsio. Nosotros hablamos con el Presbiterio y ellos estuvieron de acuerdo. No pasó mucho tiempo y nos casamos.
Luego de casarnos le conté mi carga a mi esposa de ir a Cabo verde. Al principio ella no entendía mi llamado. Pero luego Dios comenzó a hablar a su corazón y nos pusimos de acuerdo para orar para que Dios apresurara su obra. Cuando entendimos que era el tiempo de Dios, Dios puso en el corazón de alguien de dar una ofrenda de dos mil dólares. En aquel entonces no era plata para ir a Cabo Verde, porque no había avión directo. Tenía que ir a Europa y después volver para atrás.
Pero nosotros la tomamos por fe, sacamos el diezmo de ese dinero y depositamos toda la confianza en la mano del Señor.
El hermano Oscar Daruich nos llevó hasta Misiones, de allí pasamos a Paraguay intentando multiplicar el dinero de algún modo. De Paraguay pasamos a Brasil intentando valorizar los dólares.
En Brasil tuvimos muchos problemas, pero el Señor estuvo con nosotros en todo. Hasta que logramos conseguir los boletos para todos hasta Lisboa - Portugal.
Viajamos en medio de muchos problemas, y en Lisboa Dios nos ayudó de tal manera que hubo una confusión en la línea aérea. De tal manera que a pesar de que no teníamos pasaje para Cabo Verde, en ese momento salió una ley que la aerolínea tenía que llevarnos a Cabo Verde haciéndose cargo de los costos. Nosotros lo tomamos como un milagro de Dios.
Cuando llegamos a Cabo Verde, no perdimos ningún día de tiempo. Tres días después de llegar, comenzamos a lanzar campañas al aire libre, proclamando a la gente lo que nosotros veníamos a hacer.
No queríamos quedar sepultados, callados, si comenzábamos callados los primeros días quizá la boca se nos iba a pegar. Queríamos dejar bien en claro delante de la gente qué era lo que el Señor nos enviaba a hacer.
Comenzamos a predicar, y la gente no se entregaba. Ellos esperaban algo más. Plata o regalos, pero nosotros no teníamos ni plata ni regalos, teníamos solamente la Palabra. Pasaba mucho tiempo y nadie se convertía, y nosotros orábamos, y había fuerza para orar, sentíamos que Dios ardía en nuestros corazones, su Palabra estaba de continuo. Lo único que sabíamos era orar, no teníamos apoyo de nadie sino del Señor. Pasamos años orando hasta que el Señor nos visitó con su poder. Cuando nos visitó allí se formó un grupo que en poco tiempo se levantó, creció y maduró, comenzando a colaborar en la obra.

En la actualidad, Juan del Rosario y su familia continúan haciendo la obra del Señor en Cabo Verde desde hace veintiocho años. Oremos por ellos.

Por Daniel García (Servidor de Dios)